¿Por dónde empezamos?
Kangooland es un nuevo parque inflable en Tarragona, pensado para que chicos y familias vivan una experiencia llena de movimiento, alegría y color. El proyecto arrancó sin una identidad visual definida, y el desafío era claro: crear una marca desde cero que reflejara toda esa energía, que se sintiera cercana, memorable y lista para saltar a múltiples plataformas y espacios físicos.
Un trabajo en equipo, paso a paso
Desde el primer contacto, trabajamos junto a Nicolás Dorzi, quien coordinó el vínculo con el cliente y se encargo de la edición de video. Mientras él organizaba la información y los tiempos, yo me encargué de dar forma al universo visual de Kangooland. Empezamos por definir qué debía transmitir la marca: confianza, diversión, dinamismo. A partir de ahí, bocetamos ideas, exploramos formas, paletas cromáticas y personajes hasta encontrar una línea clara que nos guiara.
Diseñar una marca que invite a jugar
La clave fue dar con un sistema visual que hablara el mismo idioma que el parque. Así nació “Kangu”, un canguro simpático, ágil y expresivo que se convirtió en el corazón de la identidad. Su forma amigable y moderna permite usarlo tanto como mascota como isotipo.
La tipografía elegida es lúdica y contundente, con un estilo inflado que dialoga con el concepto de los inflables, pero que sigue siendo fácil de leer. Los colores —púrpura como base, lima, naranja y otros tonos vivos como acentos— aportan esa mezcla de fantasía y energía que hace que todo resalte.
La marca que salta a todos lados
El resultado fue un sistema flexible y sólido. El logotipo y sus variantes funcionan bien tanto en digital como en soportes físicos: desde redes sociales y carteles hasta tickets, uniformes y merchandising. La marca ya vive en la web del parque y en muchas de sus piezas, y está preparada para seguir creciendo a medida que Kangooland se expanda.
Una identidad pensada para durar y emocionar
Lo que se logró con Kangooland no fue solo una identidad visual atractiva. Fue construir un lenguaje que representa su espíritu y lo comunica de forma clara y emocional. La marca hoy es una invitación constante a jugar, correr, saltar y volver. Y eso, para mí, es diseño que funciona.
Gracias por llegar
hasta acá.

Diseñar el universo visual de Kangooland fue tan divertido como desafiante. Este proyecto me recordó que cuando el diseño conecta con la emoción, el resultado no solo se ve bien: se siente.

Si te gustó este trabajo y creés que podemos hacer algo juntos, no dudes en contactarme.
¡Nos vemos en el próximo salto!

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